Por: Wendy Alvarez Hidalgo
Alejandra Romero estaba en la universidad cuando su celular comenzó a
sonar. Era su entonces novio Ramsés Rivas quien llamaba para comunicarle
una decisión que la dejaría estupefacta: “renuncié a mi empleo y voy
crear mi propia empresa. ¿Te querés sumar?” Ella estaba en su último año
de la carrera de Derecho y él tenía varios años trabajando para una
empresa instalando redes, reparando computadoras o desarrollando
software para compañías comerciales, pero ninguno tenía experiencia en
cómo manejar un negocio, cómo dirigir un personal o cómo obtener un
capital semilla para echar a andar una idea de negocio. Pronto entrarían
a un terreno desconocido, pero prometedor.
De lo que estaban claros es que querían emprender y Alejandra estaba ahí
para ayudar a Ramsés a hacer realidad un sueño que agarró más fuerza
desde que estudiaba Ingeniería en Sistema en la Universidad Nacional de
Ingeniería (UNI). Ramsés se afianzó de su convicción de que: “nosotros
los nicaragüenses tenemos la capacidad de crear tecnología desarrollando
software tan competitivos como los que vienen de afuera”.
Fue así como con su liquidación y un préstamo facilitado por un amigo y
tras hacer números llegó a la conclusión de que para comenzar el negocio
necesitaban: una computadora portátil, un celular, un escritorio, una
pequeña oficina y una persona que se encargara de los aspectos
administrativos del negocio, lo que asumió Alejandra. El capital
semilla: 3,000 dólares.
Cuando Ramsés renunció a su empleo sintió miedo. “Tenía miedo saber que
ya no iba a ir al cajero los 15 y 30 de cada mes a recoger mi salario y
que ahora debía salir a las calles a buscarme la vida”, relata.
Los primeros pasos de lo que hoy es Beê Business Suite fueron difíciles.
Ambos emprendedores tuvieron que talonear las calles en busca de
clientes. Ramsés aprovechó su contacto con las empresas donde había
ofrecido su servicio y fue así como logró de entrada garantizarse cinco
clientes.
En el portafolio comenzaron a ofrecer software estándar, es decir que no
son modificables y que solo los vendían a negocios vinculados al sector
comercio. Alejandra explica que el salto de la empresa se dio cuando
optaron por el diseño de software desarrollados a la medida, que son
aquellos que se diseñan según la necesidad del cliente.
El estándar por ejemplo se usa en los restaurantes, farmacias,
librerías, empresas de servicios, ferreterías, entre otros, mientras que
el software a la medida es demandado por empresas de transporte,
control de ganado, control de producción, control de óptica, control de
centros médicos, explica Alejandra. Esta innovación en la carpeta de
servicios de la empresa junto con la calidad de cada uno de estos
productos, fue lo que permitió que la empresa creciera rápidamente hasta
tener hoy en su base de clientes a más de 200 empresas.
Pero Ramsés y Alejandra no solo se limitaron a innovar en sus productos,
sino que también apostaron por un nicho de mercado al que muy pocos lo
hacen: las pequeñas y medianas empresas (pymes). En este segmento de
mercado ambos emprendedores descubrieron que no solo hay necesidad
adaptar estos sistemas digitales, sino que también se requiere de
capacitación porque “el conocimiento ahí es muy empírico” en el uso de
estas herramientas tecnológicas. La capacitación y asesoría es otro
valor agregado del negocio. Hoy por hoy las ventas de esta empresa
crecen más del 90 por ciento anual.
“La mayoría de nuestro crecimiento es de boca en boca, un informático le
cuenta a otro, otra empresa le cuenta de la calidad de nuestras
soluciones tecnológicas, así hemos crecido, casi el ciento por ciento de
nuestro crecimiento ha sido por eso”, afirma.
Desde que
nació, en 2004, Beê Business Suite se han diseñado 30 tipos de software,
algunos de los cuales han sido patentizados, otros no porque, según
Ramsés, el problema es que registrar en Nicaragua este tipo de producto
es carísimo (unos 120 dólares) cuando en países de la región cuesta unos
20 dólares. Además cada vez que se actualiza un software se paga como
si fuera un nuevo producto, algo que no es así en otros países.
LOS MOMENTOS DIFÍCILES
A Ramsés una sensación de angustia mezclada con alegría lo embarga
cuando mira hacia atrás. Recuerda que una vez obtenida las herramientas
básicas para comenzar el negocio y a medida que este venía creciendo se
vieron en la necesidad de contratar a otro ingeniero en sistemas para
cumplir en tiempo y forma los pedidos de los clientes.
Fue así como la planilla pasa de dos a tres personas, pero el salario
del tercer trabajador siempre era motivo de preocupación porque cada mes
debían garantizarlo. “Si en el momento que decidí emprender este
negocio hubiese sabido todo lo que debía pasar para llegar hasta lo que
hoy somos, creo que lo hubiese pensado y posiblemente hoy sería un
empleado”, sonríe.
Y no es para menos. Con grandes
dificultades, ambos empresarios cada mes reunían el salario del tercer
trabajador y para garantizar la compra de la leche de su hija, que nació
tras contraer matrimonio, al mismo empleado, que era un amigo cercano a
ellos, les prestaban dinero para suplir esa necesidad.
A medida que iban creciendo la planilla también se incrementaba. Pero
Ramsés y Alejandra se topan con un nuevo obstáculo: no sabían
administrar personal, pero además la presentación de ambos no era la
adecuada. “Nosotros no entendíamos qué era ser empresario, había una
alta rotación de personal pese a que los tratábamos bien. Luego supimos
que no habíamos puesto las reglas claras de la empresa”, admite
Alejandra.
LA CAPACITACIÓN
Actualmente estos emprendedores forman parte de un programa de
capacitación de la organización de soluciones empresariales contra la
pobreza, TechnoServe, donde han aprendido a mejorar la imagen de la
empresa, cómo buscar más clientes potenciales, cómo presentar el
producto. “El problema de nuestro producto es que no es tangible y toca
trabajar mucho con la mente de la persona para convencerlo de que te
compre”, afirma la empresaria.
Después de varios años de
maduración, Ramsés y Alejandra ven a su compañía dentro de cuatro años
en un local de tres plantas, con uso de energía solar, incrementar la
planilla de 11 a 22 y las ventas esperan que crezca un 320 por ciento.
Ambos
emprendedores aconsejan a las personas que tienen idea de negocios a no
tener miedo y dar el paso decisivo de una vez. “Hay que lanzarse al
mercado, ¿qué es lo peor que te puede pasar?”, dice Alejandra.
Contacto:
Propietarios: Ramsés Rivas y Alejandra Romero.
Dirección: Autolote El Chele de Altamira 2 cuadras al oeste, una cuadra al norte y cuadra y media al oeste.
Teléfono: 82375012 / 83314890
Correo: ramses.rivas@beesys.net
Web: www.beesys.net
Tomado del diario digital, www.laprensa.com.ni , Managua, Nicaragua.
Sección: Economía.
Jueves 21 de Julio del 2016.
Fecha Original: Miércoles 20 de Julio del 2016.
jueves, 21 de julio de 2016
Acarician el éxito de lo intangible
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Josue B
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viernes, 1 de julio de 2016
Bordan el éxito con tradición
Tras graduarse de Diseño Industrial decidió transformar el negocio familiar en una empresa que combina el éxito con la tradición.
Por: Lucydalia Baca Castellón
Crecer entre diseños infantiles, telas e hilos de bordar impulsó a Lilliam Marisol Téllez Mercado a estudiar Diseño Industrial, y desde que se graduó en 2005 su meta ha sido modernizar el taller de ropa infantil que su madre, Lilliam Mercado, manejaba desde 1985. Actualmente una de las metas de Bordados Marisol es fortalecer una nueva línea de productos que llamarán artística —incluye diseños exclusivos para iglesias— y paralelamente trabajan en el posicionamiento de sus productos en el mercado salvadoreño.
“Crecí con la idea de que este negocio me gustaba, por eso estudié Diseño Industrial porque siempre tuve la visión de que dedicarse al trabajo artesanal vale la pena. No fui como muchos hijos de artesanos que al crecer no quieren saber del oficio. Yo no, yo decidí que este negocio era rentable y que se podía mejorar y salir adelante”, asegura Téllez.Al graduarse Lilliam Marisol siguió su instinto, se integró de lleno al taller y a lo inmediato inició un proceso de modernización. El primer paso fue reestructurar la pequeña empresa, su padre Roberto Téllez decidió poner fin a varias décadas de trabajo en diversos bancos para hacerse cargo de las finanzas del negocio familiar. Y con apoyo de un proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), iniciaron la transformación tecnológica del taller.
“Debido a esos cambios ahora tenemos una contabilidad formal con un programa específico para la empresa y el taller se amplió. De ocho máquinas pasamos a tener 16, incluidas varias Overlock industriales y planas eléctricas. También se ordenó toda el área de producción y se definieron las líneas de productos, se introdujeron algunos que no se elaboraban como bolsos y accesorios y se mejoraron los diseños de las prendas de vestir”, relata Téllez.
Esta transformación permitió que la producción pasara de unas cuantas piezas a la semana a un promedio de cien, y que la fuerza laboral pasara de tres a 12 personas, entre costureras, bordadoras y vendedoras.
CAPACITAN A SU PERSONAL
Como la mayoría de empresas, esta también ha enfrentado la carencia de mano de obra calificada y se ha visto obligada a capacitar a su personal.
“Nosotros les damos la oportunidad a jóvenes que quieren aprender el oficio, mi mamá les enseña y la mayoría se ha quedado mucho tiempo con nosotros, porque el bordado tradicional es algo que está desapareciendo y no se encuentra gente que sepa hacerlo, incluso hemos tenido muchachas que con su salario han pagado sus estudios y se han vuelto profesionales”, dice Téllez Mercado.
Paralelamente inició el proceso legal de registro de la empresa que nombraron Bordados Marisol, bajo el lema “uniendo lo tradicional a la moda actual” definieron las líneas de producción.
“Porque ese es nuestro objetivo, el rescate del bordado tradicional pero incluyéndolo en prendas de vestir que sean atractivas para la mujer actual. Y aunque también hacemos piezas tradicionales hemos innovado en el diseño y corte de las piezas”, dice Lilliam Marisol.
Las líneas de producción que tiene esta empresa familiar son: prendas de vestir para dama, prendas para caballeros (especialmente camisas guayaberas), bolsos y accesorios y la línea infantil.
INNOVAR ES UNA DE LAS CLAVES
Aunque Lilliam Marisol es quien impulsa los cambios y está a cargo de los diseños, su mamá sigue a cargo de la línea de producción de ropa femenina y de la administración, porque “este negocio siegue siendo su vida, lo que le permitió concretar su sueño de ser independiente. Además ella fue quien inició la empresa con una máquina que mi papá le compró para que elaborara las piezas que luego entregaba en las tiendas”, dice.
Además de ofrecer las prendas en la sala de ventas situada en las instalaciones de la empresa, a nivel local también tienen distribuidores en Estelí y Granada; y a nivel internacional en El Salvador y Costa Rica. También realizan ventas a través de la página de la empresa en Facebook.
El salto al mercado internacional fue a través de los clientes extranjeros que han visitado el taller y que han decidido llevar las prendas al exterior por la calidad de las mismas.
La clave del éxito de esta empresa familiar en su tránsito hacia el relevo generacional y el crecimiento ha sido, según Lilliam Marisol escuchar la opinión de su madre por ser la persona que más sabe del negocio. Una excelente comunicación y el respeto entre los tres miembros de la familia que comparten responsabilidades en la empresa. Y finalmente, innovar constante.
“La innovación nos ha hecho avanzar mucho, de hecho hemos recibido dos premios por innovación. En 2012 ganamos el primer lugar de un concurso de innovación y diseño promovido por Movistar y Cadimo cuyo premio era una asesoría por dos años. En el 2014 recibimos un reconocimiento del Ministerio de Cultura por el rescate del bordado tradicional que es una técnica artesanal muy elaborada y ese año ganamos el segundo lugar del concurso nacional de artesanías”, detalla Téllez Mercado.
Los planes para seguir creciendo incluyen potenciar el mercado salvadoreño, fortalecer la línea artística para las iglesias católicas que incluye piezas únicas como manteles, mantos y otros, y seguir innovando con las guayaberas.
Contacto
Bordados Marisol está ubicado en Masaya, en el costado oeste frente a la antigua Estación del ferrocarril. Su teléfono es el 2522-3091. El correo electrónico: lilliammarisol@yahoo.com. La dirección de su sitio web es: http://bormarisol.wix.com/bordadosmarisol y en Facebook se encuentran como: Bordados Marisol.
Tomado del diario digital, www.laprensa.com.ni , Managua, Nicaragua.
Sección: Economía.
Viernes 01 de Julio del 2016.
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Josue B
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viernes, 29 de abril de 2016
Pan con sabor a éxito e innovación
Por: Wendy Álvarez Hidalgo
Cuando en Nicaragua nace una panadería, su posibilidad de sobrevivir es casi cero. La mayoría recibe su “acta de defunción” un año después. Y si logra con éxito transitar por la ruta crítica del primer año, su supervivencia puede extenderse hasta los diez años, luego solo dos condiciones pueden salvarla de la extinción: un buen plan de relevo y tecnología. Dos ingredientes de los que carecen el noventa por ciento de los más de siete mil panificadores que existen en el país, entre pequeños, medianos y grandes. Esta es una de las razones por las que, según datos de la Cámara Nicaragüense del Pan, en la última década han “muerto” unas 40 pequeñas panificadoras, 20 medianas, y entre tres y cinco grandes, o sea un poco más de sesenta empresas de este tipo.
Pero no todos los planes de negocios relacionados con el pan están condenados a morir. A excepción de otros emprendedores, hace 15 años Rita Reyes y su esposo Roberto Vargas decidieron reescribir la trágica historia de la industria panificadora en Nicaragua, sin imaginar que la receta que incorporaron a su inicial plan de negocio serían tan perfecta que no solo les iba a permitir crecer a paso agigantado sino también que hoy están a punto de pisar tierras foráneas con sus productos elaborados a base de harina.
Rita Reyes (a la izquierda), Gerente General de Procinsa, operadora de tres marcas de pan, muestra junto a su Jefa de Producción, el nivel de innovación en los productos que comercializan en todas partes del país.
Cansados de consumir a diario el mismo pan simple artesanal y tras conocer la experiencia innovadora en otros países de Centroamérica, el matrimonio Reyes Vargas decidió apostar por una idea de negocio que hacía un buen tiempo le venía dando vueltas: abrir puntos de venta de pan recién salido del horno, llamados puntos calientes.
Abrir estos locales, sin embargo, sabían que no resultaría sencillo. Requerirían de una fuerte inversión, pero eso no los desanimó. Y tras hacer cuentas y atraer como socias a dos familias más, lograron reunir un capital semilla de 110 mil dólares, dieron el paso definitivo. Así nació y comenzó a gatear BuonPan, un término en italiano que en español se traduce: buen pan.
De entrada se contrató a 15 personas para siete locales, distribuidos en varios supermercados y hasta mercados populares (Iván Montenegro y Mayoreo) de Managua donde se instalaron puntos calientes.
“Eran días de locura”, recuerda Rita, quien tras dedicarse por años a administrar otros negocios ajenos, decidió cerrar ese capítulo de su vida profesional para emprender junto con su esposo el negocio que cambiaría el curso de sus vidas.
La clave inicial fue no sentir miedo a emprender. Fue el deseo de hacer algo distinto en el mercado panificador lo que empujó a este matrimonio a echar andar la idea, pese a que no tenían conocimiento sobre cómo se elaboraba el pan.
De lo único que estaban claros es que eran amantes de este alimento, el que nunca fallaba en la mesa. “Queríamos demostrar que en Nicaragua se podía hacer un buen pan y no que viniera una empresa extranjera a enseñarnos, esto se convirtió en un reto personal”, afirma.
Para superar la barrera del conocimiento, optaron por contratar a un experto en la fabricación de pan, se lo trajeron del exterior. Se comenzaron a elaborar cuatro tipos de panes, cuyo éxito de modelo de negocio llegó a oído de otras cadenas de supermercados, las que pidieron también tener ese tipo de puntos calientes, naciendo así Mi Pancito.
Durante el proceso de crecimiento, Rita tuvo días muy difíciles. No resultaba fácil supervisar cada uno de los puntos, “pasamos casi cuatro años que nos dábamos contra las paredes”, dice la emprendedora, quien debía lidiar con la administración del negocio y la llegada de su cuarto hijo.
Buscó asesoría. Desesperada por la manera rápida de cómo venía creciendo el negocio, llamó al director de la Escuela de Panificación de Panamá pidiéndole ayuda. Al llegar a Nicaragua, lo primero que le recomendó fue centralizar la zona de producción y eso implicaba repensar la forma en cómo se venía produciendo el pan y además cerraron los locales en los mercados, cuyo costo de operación era elevadísimo. De lo que estaban claros es que esa unificación de área de producción no debía sacrificar el sentido original del negocio: vender pan caliente.
Es así como esta empresaria comenzó a investigar sobre las tendencias a nivel mundial. Y fue como llegó a la fórmula de los panes precocidos congelados. “Es toda una tecnología que consiste en que nosotros horneamos el pan hasta cierto punto, es decir no le damos la cocción completa, lo congelamos y lo llevamos congelados a los puntos y allá nosotros lo terminamos de hornear”, explica.
Esto les ha permitido estandarizar la calidad de los panes que se venden bajo las tres marcas que ahora operan. La tercera es Rico y Saludable, que nació de su interés por seguir innovando y apostando por una nutrición más sana entre los nicaragüenses.
Rita, quien se declara amante de la cocina, asegura que ninguna receta en este negocio está terminada. Cada una está en constante evolución. Experimenta con uno y otro ingrediente hasta que logra un producto de alta calidad.
Rita Reyes, Gerente General de las marcas Buon Pan y Mi Pancito,
muestra parte de la producción.
Su crecimiento es tal que en un principio procesaban veinte quintales de harina por mes y hoy son 800 quintales los que venden en productos. Y además, el menú de tipos de panes supera las cien variedades.
A medida que han crecido a través de la innovación constante, han creado las condiciones económicas para ir accediendo a préstamos, los que reinvierten en tecnología en su planta de producción. “No nacimos como empresa enorme, sino que a medida que íbamos creciendo íbamos invirtiendo”, dice mientras observa desde un vidrio en su segundo piso la planta procesadora de pan que hace 15 años vio nacer.
Ahora la vida ha llevado a este matrimonio a otro reto: saltar a los mercados internacionales, los primeros pasos para vender sus productos fuera ya están dados.
Contacto
Contacto: Rita Reyes, gerente general de Procinsa.
Teléfono: 2293-6321,
Dirección electrónica: mipancito@procinsa.net
Dirección del local: Kilómetro 10 y medio Carretera a Masaya, de la Gasolinera Uno, 450 metros al oeste.
Tomado del diario digital, www.laprensa.com.ni , Managua, Nicaragua.
Sección: Reportaje Especial.
Viernes 29 de Abril del 2016.
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martes, 12 de abril de 2016
Un hombre bendecido
Después de varios meses sin trabajo, un hombre se aventuró a vender frescos a la sombra de una hilera de chilamates.
Buseros, taxistas y carros particulares reducen al mínimo la velocidad para comprarle frescos a este hombre, jefe de familia, que estuvo meses sin trabajar.
Amalia Morales
La sombra de los cinco chilamates baña el andén, la avenida y el frente de varias casas en Batahola. En ese punto, Carlos Romero, quien estaba sin empleo, se animó a fundar su negocio informal.
Al no hallar empleo formal, su mamá le había aconsejado vender frescos naturales, ella se los iba a hacer, le llamó la atención la idea, pero no sabía dónde venderlos. Un día pasó debajo de los cinco solitarios chilamates, adelante de la antigua Embajada de Estados Unidos, no había nadie vendiendo nada allí. Pensó que era el punto ideal para vender refrescos y en seguida puso manos a la obra.
Carlos Romero no ha dejado de madrugar. Cuando tenía empleo formal se levantaba a las cinco de la mañana para alistarse, salir a la calle a tomar un bus y llegar a las siete de la mañana a su trabajo, al otro extremo de la ciudad. Ahora lo hace porque se levanta a colaborar con su esposa en los quehaceres domésticos. Tiene una hija de año y medio y otra de siete que va a la escuela. “Me levanto, hago el desayuno, ayudo con la niña… barro”, dice Romero, de 35 años. Una de las ventajas de su nuevo empleo es que le permite estar más cerca de su familia, compartir tareas domésticas y ayudar más a la crianza de las niñas. De vender frescos vuelve al mediodía o tres de la tarde; del empleo anterior volvía a las ocho de la noche a su casa, tan agotado que llegaba a comer y dormir.
Se apareció con un balde enorme y con varias bolsas de refrescos y las vendió. Al principio le daba pena —confiesa—, pero no se amilanó. Tiene familia, esposa y dos hijas, y no podía seguir esperando que lo llamaran de alguna empresa para emplearlo en alguna bodega, que era en lo que había acumulado experiencia. Romero trabajó alguna vez en el área de bodega de Coca-Cola y por último estuvo en la bodega de una empresa de guatemaltecos que vende llantas de segunda en el sector del Mayoreo.
Su trabajo consistía en cargar, descargar. De tanto esfuerzo un día le salió una hernia. Lo operaron, el Seguro le mandó el reposo necesario, pero le recomendaron evitar al máximo la carga. Esa fue la causa de su despido. Un día uno de los guatemaltecos lo mandó a llamar y le dijo: “Así no me servís, hasta aquí, ya no voy a ocupar más tus servicios”.
“Y me mandó a descansar”, dice y sonríe con pena. Usa la palabra “descansar” como un eufemismo y cuenta la anécdota sin rencor. Eso pasó hace casi dos años. De inmediato metió papeles en muchas oficinas y empresas. Nunca lo llamaron. Esos seis meses sin trabajo fueron difíciles, asegura. A él nunca se le hubiera ocurrido la idea de vender frescos pero fue su mamá la que le propuso el negocio y a él le pareció, pero entonces se planteó la pregunta de ¿dónde vender los frescos? Romero vivía en el barrio Nora Astorga, contiguo a Batahola Sur y andando por las calles se fijó en el Zumen, pero estaba saturado de vendedores ambulantes, entre ellos varios termos con refrescos.
EL PUNTO BENDITO
Un domingo venía de predicar por las calles de Batahola y pasó por la avenida, reparó en la soledad de aquellos enormes chilamates, que proyectan una sombra inigualable y ¡zas! se iluminó: “Aquí me voy a poner”, se dijo y al otro día se paró con su balde de frescos al pie de uno de los árboles y a pocos metros del semáforo de El Gigante.
Y, como si ese lugar hubiera estado esperando que algún negocio floreciera allí, los vehículos empezaron a detenerse y a pedir refrescos de frutas, chía con tamarindo, zanahoria con naranja, semilla de jícaro, cacao, melón, granadilla con naranja y remolacha con naranja.También, los transeúntes, muchos de ellos estudiantes de la Aldea SOS, se detenían para beberse un fresco. “Es un fresco exquisito”, dice un estudiante de secundaria que a veces se ha bebido hasta cuatro frescos de un solo.
A diez pesos, se vendían rápido las bolsas que son “puro fresco y sin hielo. Si usted se fija el único hielo está en el balde”, dice Romero, quien pronto aprendió a prepararlos él mismo y se independizó de su mamá.
Diario, Romero vende setenta bolsas de fresco. Pudiera vender más, si se quedara todo el día, pero por ahora para él es suficiente.
DA PARA COMER
Llega a las siete de la mañana y generalmente antes de mediodía se ha ido. Al principio traía el balde con los refrescos en taxi, pero le cobraban hasta ochenta córdobas por un trayecto corto, relativamente corto, entonces, se hizo de un triciclo y ahora pedalea de su casa hasta el remanso de los chilamates.
Romero cuenta que el negocio de los frescos “no requiere de ciencia” alguna, es cuestión de comprar las frutas, pelar, mezclar con agua y azúcar, empacar y poner a enfriar. Diario, invierte cincuenta pesos de hielo para mantener los frescos helados en el balde.
Todas las tardes, Romero va al mercado Israel Lewites a comprar las frutas, que luego molerá en frescos, pero también compra la comida de su casa. “Con esta venta cubro algunas necesidades”, dice.
Carlos Romero halló un punto ideal para vender refrescos naturales en la capital, a un lado del semáforo de El Gigante, en Batahola.
CONOCER LA CALLE
Un taxi pasa por el punto de Romero y baja la velocidad al mínimo, el vendedor detecta que viene por refrescos y en seguida corre con las manos cargadas de bolsas rosadas. Entrega una, dos bolsas, al tiempo que agarra los billetes.
“Hay mucha gente que sale de su casa sin desayunar y pasa por aquí comprándose un fresco. También hay gente que prefiere beber frescos en lugar de una gaseosa que es dañina”, explica.
—¿Nunca se han ido sin pagarle?
“Fíjese que no. Aquí me siento bendecido”, contesta este hombre que vende refrescos de lunes a sábado.
Después que perdió la pena, aprendió a fijarse y entablar amistad con el vecindario. “Aquí todo el mundo me conocía”, dice. Algunos ya lo conocían por su trabajo evangelizador. A otros, muchos estudiantes, los ha conocido ahora.
Mientras cuenta su historia, sin soltar las bolsas de refrescos y sin alejarse del balde más que cuando aparece un potencial cliente en carro, pasa una motocicleta sobre el andén. Va en contravía y sin placa trasera. “Es policía, pero va de civil”, comenta Romero, quien se precia de conocer a la gente que circula en la zona.
Su balde de frescos permanece a un metro escaso de la avenida donde hay una ruda circulación de carros. Fue testigo de tres accidentes con heridos, no recuerda muertos. “El último (accidente) lo reprendí y no hubo más accidentes”, dice y luego explica que ha descubierto que tiene “el poder de la oración” para alejar lo malo de su vida.
SOMBRA GENEROSA
Lo que no ha logrado alejar es la competencia. Después que él se plantó al pie de los chilamates, al otro lado de la calle apareció otro vendedor de refrescos. “Es gente del Zumen que vio que aquí se vendía y se movieron”, dice resignado y satisfecho de que la clientela no ha disminuido.
Romero tiene la esperanza de ampliar su venta de refrescos, no sabe dónde, primero necesita encontrar a alguien de confianza para definir cantidad de refrescos y lugar.
Por ahora, está contento con los frutos que ha recogido a la sombra de los chilamates. “Estos árboles me protegen del sol… y también de la lluvia”, dice mientras dirige su mirada al tronco donde tiene arrimado su triciclo.
“Es duro estar sin trabajo y es duro también tener un trabajo donde solo te oprimen y te humillen”. Carlos Romero, vendedor de refrescos naturales en el barrio Batahola.
Tomado del diario digital, www.laprensa.com.ni , Managua, Nicaragua.
Sección: Reportaje Especial.
Martes 12 de Abril del 2016.
Fecha Original: Viernes 17 de Abril del 2015.
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Josue B
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19:37
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viernes, 5 de febrero de 2016
Una deliciosa tradición familiar
El señor Victorino Castro, en conjunto con la doctora Ivonne Castellón,
tiene aproximadamente una manzana sembrada de fresas, las que cultiva
de manera tecnificada.
Por: Sara Ruíz
Para los vendedores de fresas de Las Pilas es una satisfacción
ofrecer productos frescos, libres de químicos y cultivados de manera
artesanal con el amor y cuidado que solo las familias productoras le dan
a las plantitas de flores blancas y de ricos frutos rojos. El cultivo
de esa fruta se ha hecho una tradición para las familias productoras de
la comunidad de Las Pilas, en el municipio de Jinotega.
En esta comunidad son aproximadamente cinco productores de fresas los
que mantienen las cosechas en el año y comercializan el producto en
Estelí, Managua y Jinotega.
Uno de estos productores es don Felipe Castro, quien junto con su
familia trabaja para el cultivo de fresas en esta zona donde las
variaciones del clima han afectado bastante, sin embargo agradecen a
Dios que sus plantas siguen creciendo y dando frutos.
Explicó que para poder cultivar las fresas inician en noviembre
preparando el terreno para poder sembrar los estalones y aprovechar al
máximo el verano porque es la única temporada recomendable para el
cultivo. Castro, de 37 años, recuerda que la tradición del cultivo de
fresas en la zona la inició su abuelo Vicente Castro Gadea con un
terreno de tres cuartos de manzana.
El señor Victorino Castro, en conjunto con la doctora Ivonne Castellón,
tiene aproximadamente una manzana sembrada de fresas, las que cultiva
de
manera tecnificada.
Para cultivar las fresas la familia Castro explica que se requieren
cuidados moderados y constantes, sobre todo para el control de las
plagas que atacan a las plantas, es importante además el control de
maleza. A pesar de que todavía no han establecido el sistema de riego
por falta de recursos económicos, Felipe Castro explicó que la altura y
el clima son favorables para el desarrollo del fruto.
Toda la familia trabaja para poder proporcionar un cuidado adecuado a
las plantas. Los mayores heredan sus conocimientos a los más pequeños y
en el caso de Felipe le enseña a su hijo menor Neyser, de 9 años, a
seguir con la tradición familiar.
“Nosotros estamos felices por poder continuar la tradición de mi
abuelo, además de nosotros mi tío Victorino Castro trabaja en conjunto
con doña Ivonne Castellón para cultivar fresas de calidad”, comentó
Felipe Castro, quien en su parcela tiene 7,500 plantas.
A diferencia de don Felipe, hay tres productores que mantienen un
cultivo permanente gracias a la tecnificación de sus terrenos, los
cuales emplastican para evitar el contacto de la flor con el suelo para
que esta no se arruine. Entre los productores permanentes están Erwin
Castro, Jorge González y Victorino Castro (tío de don Felipe).
Los costos de las fresas oscilan entre los 40 córdobas en compras al
por mayor y en compras menores a 60 córdobas la libra, que es vendida en
los tramos ubicados en el kilómetro 159 de la carretera
Matagalpa-Jinotega.
El mantenimiento que se le da a las fresas más que todo se debe a la
fragilidad de la planta porque esta es atacada desde la raíz por las
cigarras, el gorgojo, las mariposas y larvas que comen hojas dejando
desprotegida a la planta, por lo que Elías Castro, hermano y asesor
técnico de Felipe, explicó que el costo inicial para mantener sus
terrenos es de 8,000 córdobas, para combatir las plagas y garantizar el
crecimiento de entre 15 y 20 flores de fresas por plantita.
La mayor satisfacción de esta familia, según concuerdan los hermanos
Castro, es poder ver cada planta con su flor blanca, como signo de la
esperanza de mantener sus tradiciones de generación en generación. Cada
flor es una futura fresa.
120 libras semanales de fresa obtiene el señor Felipe Castro. Los
que cultivan más, como don Victorino Castro, sacan 250 libras al
mercado.
En Las Pilas, don Victorino Castro tiene un sistema de
emplasticado de suelo para evitar la contaminación de
sus cultivos.
ESTÁN MÁS TECNIFICADOS
Desde que habla del cultivo de las fresas, el señor Victorino Castro
muestra en su porte y su tonalidad un increíble amor a su trabajo y sus
plantas. Oriundo de la comunidad de Las Pilas fue más allá de la forma
de cosecha tradicional de fresas y empezó a innovar con un sistema de
emplasticado de suelo para evitar la contaminación de sus cultivos.
“Las fresas que nosotros tenemos son de una variedad de California,
llevamos veinte años cultivándolas en la familia y no hemos dejado que
se pierdan desde cuando las trajeron a Las Pilas”, comentó Victorino,
quien durante nueve años ha tenido como socia a la doctora Ivonne
Castellón, conocida por ser emprendedora y vender, además de
medicamentos, cajas de fresas en la centenaria farmacia jinotegana que
lleva su apellido.
Don Victorino y su hijo recorren tres kilómetros diariamente desde
las 6:00 a.m. para limpiar, deshierbar, regar y cortar las plantitas de
fresas que crecen tímidamente en medio de bancos de tierra
plastificados.
A diferencia del cultivo tradicional, estas corren menos riesgo de
daños por el contacto con la tierra, aunque no están exentas al ataque
de arañas, mariposas y de las ardillas que llegan a comerse los frutos
de vez en cuando.
Tomado del diario digital, www.laprensa.com.ni , Managua, Nicaragua.
Sección: Reportaje Especial.
Viernes 05 de Febrero del 2016.
Publicado por
Josue B
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19:48
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Le sacan el jugo a los polines
María Soledad Marenco (rojo) y Graciela Báez (celeste).
Su amistad es de más de 20 años, cumplieron juntas con el Servicio
Militar Patriótico en los ochenta, se conocieron en “los años más duros
de la Revolución”, señalan, ellas son María Soledad Marenco y Graciela
Báez, cuyas vidas después de esa época siguieron rumbos distintos y no
pensaron en que llegaría un día en que iniciaran un proyecto juntas,
menos que este sería relacionado a la elaboración de muebles.
Todo comenzó cuando María Soledad, psicóloga de profesión, quedó sin
empleo y junto con su amiga Graciela, licenciada en Comercio
Internacional, comenzaron a analizar qué podían hacer para generar
ingresos.
A estas mujeres no las detuvo nada en la idea de formar su empresa de
muebles, aunque les pareció algo “loca” al iniciar, relata María
Soledad, pues no tenían experiencia en carpintería o en el uso de
herramientas. Pero lejos de los temores por la inexperiencia decidieron
arrancar con el proyecto que llamaron Rústicos Manos de Sol y Gracia,
una combinación de sus nombres.
“Se nos ocurrió porque ya habíamos visto en las carreteras algunas cosas
(estilos de muebles), no parecidas, pero que sí podíamos hacer y
realmente lo pudimos hacer”, menciona Graciela.
CON MADERA RECICLADA
La materia prima, de la elaboración de sus piezas, son polines de
madera, que principalmente se utilizan en el almacenaje de elementos
pesados para aislarlos del suelo y poderlos elevar con maquinaria, es
por eso que sus principales abastecedores han sido ferreterías.
Según Graciela este tipo de madera es de muy buena calidad y cumple
con los requerimientos para la elaboración de un mueble de buena
resistencia y duración, menciona que antes los polines se vendían hasta
en nueve córdobas e incluso habían lugares donde eran desechados después
de su uso, pero ahora su precio está entre los cuarenta y cien
córdobas.
“Ya se está despertando que el polín es buena madera, que hay gente que lo está trabajando, que está vendiendo”, detalló.
Casas para perros y algunas mesas son las piezas que habían visto en
distintos lugares, elaboradas con ese material, pero ellas quisieron ir
más allá e idear otro tipo de muebles para diferentes espacios de las
casas y es así que se pusieron la tarea de investigar qué se podía
elaborar con polines, lo que implicaba, los costos que podrían tener la
piezas y lo rentable que podría ser un negocio como este.
Las emprendedoras consideran que se debería promover la elaboración de
muebles con polines porque tienen un menor costo que un mueble de madera
convencional. Un ejemplo, brindado por Graciela, es que un sillón con
cojines para una sala podría venderse en unos 800 córdobas, mucho menos
que los muebles que se ofrecen en los comercios.
APRENDER DUELE
El aprendizaje en la elaboración de los muebles —que fabrican ellas
mismas— ha sido a punta de prueba y error; en el camino les ha tocado
lidiar con golpes de martillo en los dedos o astillas incrustadas en sus
manos, así como mucho agotamiento físico, sin embargo María Soledad
afirma que si de algo están seguras es que definitivamente las mujeres
no son “el sexo débil”.
Lo que las motivó en principio es que el modelo de muebles —por el
material que utilizan— no requiere gran complicación para ser
elaborados, aunque sí debe haber mucha creatividad para su decoración y
para el diseño de modelos propios, en combinación con otros materiales
como vidrio, metal o mecate.
“Es un mueble que no es muy complejo hacerlo, el miedo era que no
gustara. Es un mueble rústico y no a todos le gusta los rústico”,
expresó Graciela.
Los encargos que han tenido desde hace ocho meses, cuando iniciaron
su proyecto, han sido principalmente muebles para terrazas, recibidores y
muebles para niños, siendo estos últimos los que han tenido más
aceptación. Ambas explican que elaborar una mesa para niños con su silla
les lleva un máximo de tres días tenerlo acabado, de ahí dependiendo de
lo que el cliente les solicite pueden llevarse más tiempo.
“Esto ha sido de manera natural, decidimos trabajar con polines y
convertirlos en muebles y nosotras no hemos tenido un solo curso de
carpintería, un solo curso de ebanistería, sino que aquí todo ha sido
natural, hemos ido aprendiendo a cortar, a pegar, a clavar, a pintar, a
tener ideas”, señaló María Soledad.
Algo que agradecen ambas es la confianza que han brindado en ellas
las personas que han solicitado sus piezas, pues trabajan con el
cincuenta por ciento del precio del producto por adelantado.
Otro aporte que destacan es el apoyo de la familia y amigos, quienes han recomendado su trabajo de boca en boca.
EN LA FERIA
La primera prueba de fuego de Rústicos Manos de Sol y Gracia es
cuando decidieron ofrecer sus creaciones en el Parque Nacional de
Ferias, ambas comentan que los primeros críticos, que con recelo
quedaban viendo sus diseños, eran los carpinteros experimentados.
“Dijimos probemos, vámonos a la feria, y ahí nos fuimos con bancas
con cojines, bancas con mecate y vimos que sí gustó el trabajo y aquí
seguimos juntas”, relató María Soledad.
De esa primera experiencia ya han participado en dos ferias donde han
tenido buena aceptación. Actualmente siguen elaborando ellas mismas los
muebles, siendo la tarea más difícil y que implica más esfuerzo el
separar los reglones de cada polín, piensan que según vaya aumentando la
demanda de sus clientes, emplearían a más personas.
Graciela combina su trabajo, en el taller de muebles, con la tarea de
cuidar a sus nietos y María Soledad tiene otras asignaciones que
cumplir por medio tiempo, pero no piensan detenerse en la idea que al
inicio consideraron loca, pero que con el tiempo las ha llenado de más
ánimos y las ha apasionado, dejando en cada pieza concluida un poco de
cada una.
CONTACTO
Rústicos Manos de Sol y Gracia se encuentra en Ticuantepe. Kilómetro 15,
de la parada El Nancite, cien metros al oeste y cincuenta varas al
norte.
Teléfonos: 2270-6609, 8405-1961 y 8699-1868.
También pueden conocer más de su trabajo en facebook.com/RusticosManosdeSolyGracia
Tomado del diario digital, www.laprensa.com.ni , Managua, Nicaragua.
Sección: Reportaje Especial.
Viernes 05 de Febrero del 2016.
Publicado por
Josue B
en
18:45
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viernes, 8 de enero de 2016
El dulce éxito de “El Maná”
Repostería El Maná en Masaya busca la consolidación de mercado tras años de arduo trabajo.
Por: Yohany López
¡Repostería, repostería! Fue uno de los pregones que con voz fuerte
Norman Wheelock usó en el mercado municipal de Masaya, el parque y otras
calles de la ciudad para ofrecer su producto bajo el sello de El Maná,
un negocio que se abrió paso en medio de las burlas y la incertidumbre
si este resultaría o no.
Wheelock junto con su esposa, María Antonia Cuadra, son los gerentes
propietarios de Panadería El Maná, en Masaya. Ambos sonríen a la vida y
dan gracias a Dios por un negocio que, con nueve años de existir en esa
ciudad, hoy cuenta con una inversión de 650,000 dólares en nueva
infraestructura y que ahora busca posicionarse en el pacífico, centro y
norte del país.
La historia de este matrimonio inicia con la pasión de la señora Cuadra por la repostería y cocina, y la habilidad de Wheelock para hacer negocios y vender.
Él era ejecutivo de ventas para una empresa mayorista y ella ayudaba a
su mamá en la administración de una comidería. Estos fueron solo uno de
los antecedentes que valieron la suficiente experiencia para que ahora
estén al frente de una panadería con más de sesenta trabajadores.
DEL AIRE ACONDICIONADO AL SOL
Una vez que Wheelock dejó su empleo en una compañía pasó de coordinar
a grupos de degustadoras e impulsadoras y realizar inclusive planes de
negocios para distintas marcas de productos, a vender en las calles algo
que para su esposa era un tanto penoso, pero para él era la forma ideal
para poder captar ingresos.
Fue a finales de 2006 con un préstamo de cinco mil dólares, para la
prima de un horno industrial, una batidora y diez bandejas de aluminio,
que Cuadra se desprende del negocio de su familia materna y comienza su
propio sueño.
Y tras empezar la venta de repostería por encargo y distribuyendo a
mujeres en el mercado municipal, ellas mismas fueron las que propiciaron
el escenario de crecimiento tras una mala jugada.
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Llegué por la mañana a tomar pedidos y resulta que en la tarde tras un
atraso, ninguna de ellas quiso tomar el pedido que se había hecho horas
antes y al ver esa situación, hablé con mi esposa y le dije que yo mismo
me iría a vender el producto al mercado. Así entré a las 3:30 de la
tarde, en medio de las burlas e insultos de las mismas mujeres, que
dijeron que estaba perdiendo el tiempo, y a las 5:30 de la tarde salí
con las manos vacías porque había vendido todo”, recuerda el gerente
propietario de Panadería El Maná.
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En ese entonces, Cuadra estima que apenas en un día preparaban diez
libras de harina para un promedio de 120 unidades de repostería, que
salía a vender su esposo a las calles. En una semana requerían diez
cajillas de huevo. En ese entonces solo daban empleo a dos personas
adicionales al matrimonio, el que tenía múltiples funciones, desde
producción, logística y contabilidad.
“Ese hecho solo fue el inicio para una nueva etapa. Entonces un amigo
me planteó establecer rutas de ventas, y así empezamos a llevar a las
pulperías, pero como el producto era nuevo y más caro, entonces hubo
mucha negativa por parte de varios pulperos que no confiaban en la
rotación de las tortas o la repostería que ofrecíamos”, cuenta Wheelock.
INESPERADO CRECIMIENTO
Cuadra recuerda que esos primeros meses fueron bastante difíciles,
porque existían tres panaderías en esa zona que gozaban de amplia
trayectoria, pero aún así apostaron a desarrollar un negocio de calidad.
Luego del primer aniversario, en noviembre de 2007,
cuando realizaron promociones y rifas con la clientela, el gerente
propietario dice que necesitaron más personal, se incrementaron los
pedidos, inclusive produjeron mayor variedad de productos.
“Pero todo ese crecimiento en todas las áreas tuvo un precio en la
salud. Había días que no dormíamos por no quedar mal, pero con una
rutina de arduo trabajo me enfermé y mi esposa tuvo por más de veinte
días que quedar al frente del negocio y ver la producción, ventas y
compras de insumos, algo muy cansado, pero fue el momento en que nos
dimos cuenta que era necesario trabajar más organizados”, afirma
Wheelock.
Para 2008 era necesario otro horno industrial y a
falta de liquidez y financiamiento, compraron uno usado. Fue de esa
manera y con bastante disciplina que el matrimonio inicia un proceso
constante de reinversión del capital.
Ambos coinciden que ese camino no ha sido fácil, pero la buena
administración les resultó la fórmula para que el negocio estuviera
libre de deudas o no quedara mal ante los trabajadores.
CON MIRAS AL EXTERIOR
Para 2013 Panadería El Maná ya contaba con 36 trabajadores y ya había abierto nuevas rutas en los municipios aledaños.
Al finalizar el 2015, cuando ya emplea a 65 personas,
Wheelock afirma que dividen la producción en seis rutas en: Managua,
Rivas, Carazo, Granada y en su momento enviaron pedidos a Chontales y
Río San Juan, pero por razones de viabilidad en el costo, decidieron
concentrarse en las cuatro primeras.
“Nuestro sueño es tener 12 rutas a nivel nacional, abastecer a los
supermercados y exportar galletas y panes integrales a Estados Unidos y
Taiwán, que son los principales destinos que estamos estudiando”,
precisó el gerente propietario.
Ambos coinciden que la disciplina, el esfuerzo, la
dedicación y su fe en Dios ha sido ese motor que los ha levantado cada
día, pese a dormir en ocasiones solo tres horas por la alta demanda de
productos y “aún así nosotros ni nos quejamos porque trabajo siempre
tenemos”, resalta Cuadra.
Y aunque por razones de confidencialidad omitieron cuánto producen por
día o semana, Wheelock manifiesta que ofrecen 45 variedades de
reposterías y una línea económica de 17 productos.
PROYECTAN UNA FRANQUICIA
Los gerentes propietarios de Panadería El Maná en Masaya, Norman
Wheelock y María Antonia Cuadra, proyectan que en un período de tres
años puedan iniciar un proceso de franquicia para la marca.
Y otro de los sueños para exportación de productos, está la elaboración
de panes con sabores tropicales que gozan de amplia aceptación en el
exterior.
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Hemos recibido bastantes personas que están interesadas en que nosotros
solo les coloquemos el producto bajo nuestra marca y ellos ofrecer en
tiendas que ya tienen u otras que crearían”, explica Wheelock.
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En todo ese proceso, se han acercado a organizaciones que les ayuden a
manejarse mejor, fortalecer el mercadeo y elaborar planes de negocios
más aterrizados.
Cuadra forma parte este año del programa Impulsa tu Empresa, que
ejecuta la organización de impulso al desarrollo TechnoServe y es ahí
donde están afinando varios detalles para crecer de forma sostenida y
aprovechar los recursos con los que actualmente cuentan.
CONTACTO
La tienda de venta, de Panadería El Maná, está ubicada frente al costado oeste del cuerpo de bomberos en Masaya.
Correo electrónico: el.mana07@hotmail.com y los teléfonos son: 2522 3343, 8560 8821 y 8786 6661.
Tomado del diario digital, www.laprensa.com.ni, Managua, Nicaragua.
Sección: Reportaje Especial/Economía.
Viernes 08 de Enero del 2016.
Publicado por
Josue B
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